Salmo 105.1-5

Dar gracias a Dios lo glorifica y también nos transforma. El Señor no necesita nuestra gratitud, pero al darle gracias, nos hacemos más conscientes de su amor y dejamos de centrarnos tanto en nuestras preocupaciones. Expresar gratitud...

Reenfoca nuestra atención. La vida está llena de distracciones que nos impiden reconocer todo lo que Dios ha hecho. En lugar de cargar con el peso del mundo, podemos volver la mirada al Señor y darle gracias por su fidelidad.

Alivia nuestra ansiedad. Muchas personas viven con preocupación constante. Pero cuando llevamos nuestras cargas al Señor con acción de gracias, la carga se traslada a Él, y su paz nos es concedida (Fil 4.6, 7).

Renueva nuestra relación. La gratitud evita que pensemos que el caminar cristiano se trata solo de nosotros y nuestras necesidades. Nuestra comunión con Dios se fortalece cuando nos enfocamos en Él.

Refuerza nuestra fe. La acción de gracias nos ayuda a salir del desánimo y nos fortalece espiritualmente.

Cuando estamos abrumados, dar gracias a Dios puede ser lo último en que pensamos. Pero reconocer lo que el Señor ha hecho cambia nuestra perspectiva y nos acerca más a Él.

                                             Tomado de En Contacto

                                    




                               



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